No sabría explicar qué es, pero Bruselas tiene algo especial que hace que mole.
Tal vez no sea el destino ideal para pasar 2 semanas de vacaciones, pero recomiendo encarecidamente pasar de vez en cuando un fin de semana.
Por ejemplo un fin de semana al año, sería un buen plan.
De vez en cuando puede que te topes con alguna manifestación, la gente es amable con los perros y tienen un festival de jazz que está la mar de bien.
Además es perfecta para ir andando durante todo el día. Eso sí, no recomiendo tacones por el corazón de la ciudad. La calle está hecha de piedras y los tacones se te estropean enseguida :-S
¿Dónde dormir?
- Royal Windsor. Aunque un poco subido de precio, es la apuesta ideal, sobre todo si te gusta el diseño. Y no es porque sea un hotel de diseño de los típicos, sino porque cada una de las 13 habitaciones está diseñada por un diseñador belga. Mi favorita: La habitación de Xabier Delcour: todo lleno de espejos y satín negro. Hay un precio especial para dos que incluye té fashion y guía turística, a parte de la habitación, por 229€ en total.
- White Hotel. En este hotel las habitaciones son totalmente blancas, pero no por eso el hotel deja de ser algo soso o normal. Para variar (como saben mis acompañantes, me encanta el diseño, así que lo valoro mucho en cualquier ámbito de la vida), el hotel en sí es una especia de galería de arte. No doy más detalle para que podáis sorprenderos, pero definitivamente vale la pena ir. Además está a dos paradas del centro en tranvía.
Las habitaciones están entre 85€ a 165€ dependiendo.
¿Dónde comer?
Aquí en realidad las opciones serían infinitas.
Bruselas es un sitio fantástico para disfrutar de una buena comida, lo que lo convierte en un viaje gastronómico ideal.
La especialidad ahí son dos cosas: Los mejillones y las patatas fritas. Cualquier lugar en el que lo pidas estarás yendo por buen camino. Sin embargo recomiendo:
- Restaurant Vincent. Un lugar maravilloso que te dejará con ganas de más. Todos los platos están exquisitos, pero recomiendo encarecidamente probar, a parte de los mejillones, el steak tartar. ¡Una delicia! Lo encontraréis en Rue de Dominicains 8
- BonBon. Una cocina un poco más especial, de calidad estrella Michelín, pero sin tenerla. Está un poco más lejos del centro, pero vale la pena.
¿Qué hacer?
Sinceramente, andar, andar y andar.
Lo bonito de Bruselas es que sus calles son una auténtica caja de sorpresas y en cualquier rincón puedes encontrarte lo más inesperado. Desde un bar con la decoración más extravagante y cantantes raros, hasta una tienda llena de pequeños secretos.
Lo dicho: Un fin de semana al año.
